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domingo, 23 de noviembre de 2014

Un software a medida

Se trata de un universo de posibilidades. En términos simples, el Software Libre (SL) permite adaptar sistemas y programas de computadora  a las necesidades e intereses del usuario.  Para ello, el SL confiere cuatro libertades: usar un programa para cualquier propósito; descifrarlo y adaptarlo a tus necesidades; distribuir copias; mejorar y hacer públicas las mejoras; y permitir acceso al código de fuentes.
Según Igor Buergo, miembro de la Sociedad Científica de Sistemas Informática (SCESI), los programas de SL se expanden y ofrecen múltiples posibilidades. Las mismas se exploraron y compartieron en el Congreso Nacional de Software Libre (Conasol) de Bolivia, actividad organizada por la Comunidad de Software Libre (CSL) y que concluyó ayer sábado en la Universidad Mayor de San Simón (UMSS).
El congreso contó con la participación de delegaciones de La Paz, Tarija, Potosí, Beni, Santa Cruz y Cochabamba, además de expositores de Perú. Las  ponencias que las delegaciones buscaron compartir experiencias con los diferentes soportes y programas de SL. De esta forma, se pretende alimentar con conocimientos al proceso de migración de datos  de uso civil y estatal, según el Plan de Implementación de Software Libre (Decreto Supremo Nº 1874), que poco a poco incluye al usuario promedio. (Más información sobre la legislación favorable al software libre aquí).
“Ya no se necesita ser informático para aprovechar las ventajas del SL ahora, mediante internet todos pueden explorar un mundo de posibilidades con software como Ubuntu y tantos otros”, explica Buergo. 
De acuerdo a la expositora Darlin Meneses, el SL llegó para quedarse. En el caso de Trinidad, desde 2004, el número de usuarios fue creciendo hasta que se llevó a cabo el Festival Latinoamericano de Instalación de Software Libre (FLISoL), y se multiplicó la preferencia por este tipo de software. Fue así que se conformaron tres grandes grupos de investigación conformados por gente del departamento de Tecnología Información y Comunicación, las carreras de sistemas y el Hacklabpedia.
“Las ventajas del SL son claras. El Gobierno fomenta su uso, tenemos que adelantarnos a estas políticas con un repositorio a nivel nacional para que no se pierdan los aportes que se están haciendo a los programas y aplicaciones que estamos desarrollando”, apunta Meneses.

domingo, 19 de octubre de 2014

Circo El Tapeque afronta semana decisiva para permanecer en sus instalaciones

El circo El Tapeque, un proyecto educativo y artístico que trabaja desde hace cinco años en Cochabamba, tiene enfrente una semana decisiva para definir su permanencia en sus actuales instalaciones de la zona norte de la ciudad o, en su caso, buscar un nuevo lugar para seguir trabajando.
Para este miércoles 21 está prevista una audiencia ante el Concejo Municipal de Cochabamba, en la que los representantes de El Tapeque darán cuenta de sus argumentos para seguir en su carpa localizada en la OTB Cantarrana. De no obtener una respuesta favorable a su solicitud, la alternativa sería que se les conceda otra área del municipio para seguir funcionando sin mayores interrupciones ni obstáculos.
El Tapeque recibió la semana pasada una notificación de la Comuna Tunari del municipio para desalojar la carpa que ocupa en la avenida Villarroel, dentro de la jurisdicción de la OTB Cantarrana, pese a existir un convenio entre el barrio y el proyecto para ocupar el espacio hasta 2018. La Comuna Tunari aduce que El Tapeque debe abandonar sus instalaciones, por hallarse en una franja de seguridad de una torrentera próxima a la carpa, lo que prohíbe la norma. A la dirigencia del barrio le urge desalojar al circo para hacer mejoras sobre una extensa área verde del barrio, parte de la cual ocupa El Tapeque.

El circo
La demanda de la dirigencia barrial y de la Comuna Tunari (a la que pertenece la OTB Cantarrana), que data de hace ya casi medio año, ha puesto en jaque a El Tapeque, un proyecto que, desde su nacimiento, ha montado más de 380 espectáculos, ha recibido a más de 25 mil espectadores y ha formado en diferentes disciplinas artísticas a otras tantas personas (en especial niños, adolescentes y jóvenes), muchas de ellas en situación de riesgo.
A decir del director de El Tapeque, Edson Quesada, el proyecto ha tenido también un impacto particular sobre la población de la OTB Cantarrana, habiendo recibido a más de 350 menores que han sido formados en sus talleres (llegando a formar parte de sus elencos) y a unas 150 familias del barrio que han disfrutado de sus espectáculos. (Para conocer más sobre El Tapeque, presiona aquí.)
En virtud de estos favorables resultados, Quesada dice no entender la resolución de la dirigencia de la OTB para hacerles desalojar sus actuales instalaciones.
Aclara que de las dos a tres hectáreas sobre las que el barrio pretende hacer mejoras, El Tapeque apenas ocupa 180 metros cuadrados, razón por la que, en su criterio, no debería haber mayores obstáculos para su permanencia en el lugar.

La norma
En contrapartida, el asesor legal de la Comuna Tunari, Carlos Baena, recuerda en que la Ley 482 de Gobiernos Municipales establece, en su artículo 31, que son bienes municipales de dominio público “plazas, parques, bosques declarados públicos, áreas protegidas municipales y otras áreas verdes”, así como “ríos hasta veinticinco (25) metros a cada lado del borde de máxima crecida, riachuelos, torrenteras y quebradas con sus lechos, aires y taludes hasta su coronamiento”. (Puede leer la citada ley en el siguiente enlace.)
Siguiendo esta norma, se establece que instalaciones de El Tapeque se hallan a menos 25 metros de una torrentera y, adicionalmente, dentro de un área verde proyectada, lo que hace ilegal su funcionamiento, puntualiza Baena, para quien el funcionamiento del circo a tan pocos metros de una torrentera (menos de 10, aproximadamente) trae consigo riesgos sobre la seguridad de las personas que trabajan y asisten al circo, en caso de, por ejemplo, registrarse una lluvia muy intensa.
El abogado sostiene que el convenio suscrito en 2009 entre la OTB y El Tapeque no tiene mayor valor legal, por el que se le permite ocupar su actual sede hasta 2018, debido a que no cuenta con el aval correspondiente del Gobierno municipal de Cercado (Cochabamba).
Baena aclara que no hay ningún afán de perjudicar las labores del circo ni de poner en tela de juicio la labor educativa y social del proyecto, sino solo de hacer respetar la norma. De ahí que están que la Comuna Tunari y la Alcaldía estarían dispuestas a colaborarles para encontrar un nuevo espacio para su recinto. De hecho, en días pasados, al menos cuatro OTB de Cercado manifestaron su interés de que el Tapeque se traslade a sus respectivas jurisdicciones.
Entretanto, las muestras de apoyo y solidaridad hacia El Tapeque se multiplican. Su carpa -donde las funciones y demás actividades continúan con regularidad pese a la notificación de desalojo- acogió la noche del sábado pasado una vigilia con velas encendidas de aquellas personas favorecidas y/o afines al proyecto.




martes, 16 de septiembre de 2014

Conservatorio y Kinder “Macario Pinilla” tienen 15 días para respaldar propiedad del edificio de la 6 de Agosto



En dos semanas la Alcaldía revisará los papeles de ambas instituciones y determinará cual de las dos  es la legítima propietaria de la casona del exvicepresidente Macario Pinilla.
Iblin Linarez/ La Paz
Representantes del kínder Macario Pinilla, del Conservatorio Plurinacional de Música (CPM) y el Alcalde Luis Revilla se reunieron hoy y acordaron determinar en 15 días cuál  de las dos instituciones tiene el derecho jurídico sobre el predio que comparten. “En la siguiente reunión deberán presentar sus respaldos”, informó  Carlos Sotomayor, director de educación del Gobierno municipal de La Paz.
La semana pasada padres de familia del kínder Macario Pinilla exigían que el CPM deje las 15 aulas que ocupan en la casona que perteneció al exvicepresidente  de la República, Macario Pinilla y que aseguran fueron cedidas a esta unidad educativa. La medida de protesta terminó con el cierre temporal del edificio. “En 15 días ambas instituciones deberán presentar papeles para que se determine de quién es la propiedad. A partir de ahí se tomará definirá a quién beneficiar con el predio y a quién reubicar o en el mismo predio construir algo adicional”, explicó Sotomayor.
Según la autoridad, “si el Conservatorio tuviera la razón el Gobierno Municipal tiene que prever una nueva construcción para el kínder ahí mismo o en otro lugar y si el kínder tiene la razón mandaríamos una nota al Ministerio de Educación para que ellos prevean la reubicación del Conservatorio. Nosotros apoyaríamos facilitando algún predio, pero ya sería responsabilidad del Ministerio”.
Sobre la propiedad, Sotomayor explicó que es probable “que la gente del Conservatorio tenga los derechos, aunque el Kinder hizo el registro (de unos papeles de propiedad) en Derechos Reales y ahí hubo un cruce. Hay que saber quién es el dueño legítimo, pero sin perjudicar”, garantizó.
Otros acuerdos
Tras la reunión la Alcaldía se comprometió a realizar el mantenimiento  del sistema sanitario para que éste no se taponee. Asimismo, solicitarán presupuesto adicional para cambiar la tubería que sería muy angosta, la obra costaría más de 20 mil bolivianos.  Se pidió también a los padres del kínder no asustar a los niños con los inconvenientes mientras que a la gente del CPM se les solicitó hacer un mejor uso de los baños y tener consideración con los niños.
“El sonido que producen los instrumentos que ejecutan los alumnos del Conservatorio hace retumbar los techos y causa problemas eléctricos en el kínder, por lo que se verá la forma de aislar el sonido”, prometió Sotomayor.

martes, 9 de septiembre de 2014

Las clases en el Conservatorio se regularizan y programan reunión con el Alcalde



El Alcalde Luis Revilla recibirá a representantes del kínder Macario Pinilla y del Conservatorio para viabilizar una solución al problema de aulas que enfrentan ambas instituciones. El encuentro se realizará el martes 16 de septiembre, a las 08.00.
Carla Hannover / La Paz
Tras una jornada de protestas, en la que los padres y profesores del kínder Macario Pinilla reclamaban los predios del Conservatorio Plurinacional de Música para ampliar las aulas del establecimiento infantil, la Alcaldía acordó con ambas partes viabilizar una reunión para el martes 16 de septiembre, a las 08.00, con el Alcalde, Luis Revilla. “Al encuentro asistirán representantes de los padres de familia y maestros del kínder, del Conservatorio, del Ministerio de Culturas y de la Alcaldía de La Paz. Juntos intentaremos viabilizar una solución”,  informó Carlos Sotomayor, director de Educación de la Alcaldía de La Paz.
Por ahora los candados que pusieron los padres de familia a la puerta de ingreso del edificio del Conservatorio fueron quitados y los estudiantes de esa casa de estudios musicales se encuentran pasando clases con normalidad. “El problema está en manos de las autoridades. Se están haciendo las negociaciones pero en todo caso se han suspendido las medidas de presión de los padres del kínder”, indicó Einar Guillén, director del área de Música Moderna del Conservatorio.
El edificio que comparten el Conservatorio Plurinacional de Música con el Kinder se encuentra en la Av, 6 de Agosto. Le perteneció al ex vicepresidente Macario Pinilla, quien donó su casa para la creación del kínder, posteriormente el edificio le abrió sus puertas al Conservatorio Plurinacional de Música. Se trata de un edificio declarado monumento de la ciudad, que está bajo tuición de la Alcaldía. 
“El kínder viene ya 30 años solicitando el traslado del Conservatorio. En la reunión del próximo martes veremos qué solución se le dará al problema. Lo mejor sería reubicar al Conservatorio Plurinacional de Música porque éste está bajo tuición del Estado y no así del Municipio, en cambio el kínder y el edificio sí”, indicó Sotomayor.
Esperan contar con un representante del Ministerio de Culturas o Educación, éste último tiene bajo su tuición al Conservatorio, para ver si facilitan algún espacio para esta casa. Sin embargo, señaló que por el momento ninguna de las dos instituciones pueden suspender sus clases.  “Vamos a ver que ofrece el Ministerio de Culturas y veremos qué dice la gente del Conservatorio”, indicó Sotomayor.



Los becarios del ALBA en Venezuela pasan hambre y se sienten engañados





 Foto: Archivo diario La Prensa de Nicaragua que en mayo informó del retorno de estudiantes 
de ese país desde Venezuela por la crisis y lo insostenible de su situación. Los bolivianos 
pasan muy malos momentos.

8 de septiembre de 2014. 19.35. "Y hasta hoy no nos han traído ni los alimentos ni han depositado el monto de la beca; no tenemos información de lo pasa y pasará".
 

Mabel Franco / La Paz

Hambre, incertidumbre, rabia. La sensación de sentirse engañados y abandonados. Así se describen los becarios bolivianos en Venezuela, en la voz de Manuela (nombre ficticio para proteger su identidad ), todos provenientes de familias sin demasiados recursos económicos y que con mil bolívares al mes deben cubrir todos sus gastos de estudio y sobrevivencia cotidiana. Becarios ALBA (Alianza Bolivariana Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América), para mayor precisión.


“Yo estoy agradecida con este convenio por la oportunidad que me brinda, conocer esta realidad me hace cada día más fuerte y entender mejor por lo que estamos pasando a nivel de Latinoamérica, y sé que al final de esto daré una contribución a mi comunidad y a mi país”, aclara Manuela, que contactó a La Pública por Facebook, antes de expresar su denuncia.


“Si lo hubiésemos sabido”, dice, quizás la situación se sobrellevase mejor o no se hubiese viajado sin contar con dinero. Ella se enteró en marzo de 2011, por un amigo, de que había becas de estudio para Venezuela y Cuba. “Hice mi consulta y presenté lo que se pedía como requisitos de postulación: documentos personales y de bachiller”. Al mes salió la lista con el nombre de los seleccionados y la fecha en que iban a ser entrevistados por personal venezolano. A Manuela le preguntaron sobre la solvencia económica de la familia y si pertenecía a alguna organización social del país. La joven contó que su familia vive de lo que siembra (agricultura) y dio datos sobre su vivienda más bien sencilla.


La alegría fue absoluta cuando la llamaron al cabo de 30 días para decirle que había sido aceptada y que en agosto o septiembre podría viajar.


“Pero la fecha del viaje cambió como tres veces”. En todo caso, Manuela tuvo tiempo para hacer los trámites ante la Cancillería boliviana: entrega de documentos personales y de estudio para su legalización y certificación. La Escuela de Gestión Pública Plurinacional fue la instancia en la que los estudiantes como ella dejaron los documentos, y de allí se canalizaron a la Embajada de Venezuela.
El 25 de febrero de 2013, es decir más de un año después de lo anunciado, Manuela recibió la llamada y la confirmación para el viaje que debía hacerse el 4 de marzo. “Decidí retomar la idea del viaje”, cuenta la joven.



Dejar la comunidad y estudiar


Penúltima hija de numerosa familia, con padres sexagenarios, Manuela dejó su comunidad para estudiar y no limitarse al matrimonio, como hacen muchos chicos y chicas, según cuenta, por ejemplo algunos de sus hermanos y hermanas. Cursó dos carreras técnicas y comenzó a abrirse paso en la gran ciudad, pese la discriminación y otros problemas.


La beca, por eso, se le presentó como la oportunidad ideal. Mucho más cuando ella reconoce que el proceso venezolano, encabezado por Hugo Chávez en su momento, la sedujo por la idea de revolución y cambio. “Fueron ideas y sueños que se construyen, pensando en cuanto podía aportar después de mi regreso a mi pueblo y sobre todo a mis papás; y a pesar de que fue muy poco el apoyo que ellos me pudieron brindar, quise continuar en busca de mis sueños”.


“Todo está cubierto”


En el momento en que la llamaron para informarle del viaje, “hice la consulta nuevamente sobre lo que cubría la beca, y el funcionario de nombre Marcos (quien era funcionario de la Embajada de Venezuela en Bolivia) me dijo que teníamos cubierta la alimentación, materiales de estudio, la ropa, el transporte y que el dinero que nos diesen sería para algunos gastos extra o para algún deseo”.
El 4 de marzo de 2013, Manuela y otros jóvenes bolivianos llegaron a Venezuela. 


En el aeropuerto firmaron un documento de compromiso a tiempo de ser recibidos por Eduardo Mayora y Anay Ojeda de Fundayacucho, oficina que es responsable de los estudiantes becarios. Los estudiantes “fuimos asignados a diferentes habitaciones de una residencia, pequeñas en todo caso, de dos, cuatro, cinco y seis personas”.


Al día siguiente “nos reunimos con la directora de Fundayacucho, María Alejandra Sosa, y con María Fernanda Serrano, encargada directamente de nosotros, y otras cuatro personas que nos informaron sobre las condiciones, tanto de estudio como de comportamiento dentro y fuera del horario de estudio”.


Como es natural, los becarios están obligados a responder con las mejores calificaciones en la universidad, pero además, no pueden participar de ninguna organización o movimiento político o social y tampoco trabajar. Esto último se vio como obvio, hasta que los jóvenes tropezaron con el poco dinero para vivir solamente de la beca.


Hugo Chávez, el presidente de Venezuela ese 2013, falleció el 5 de marzo (un día después de la llegada de los bolivianos) y el país se paralizó. Imposible acudir a alguien: sin comida ni materiales de estudio ni nada, salvo la habitación compartida para a vivir en otro país.


“Yo llegué con 300 dólares, que fue el pago de un trabajo que realizaba antes de viajar, y mis cuatro compañeros sólo venían con 50 y 100 dólares, y con eso cubrimos nuestros gastos: compramos la comida, utensilios de cocina, material escolar y lo que necesitábamos en esos momentos”.


Pidieron una reunión con la gente de Fundayacucho y “nos informaron que los becarios recibiríamos 600 bolívares (95 dólares, más o menos) por mes para pagar todas las cuentas”, pues la vivienda ya era el aporte de la beca. Y allí los dejaron, sin utensilios ni víveres. Durante dos días les enviaron almuerzo, “y después los funcionarios que nos recibieron desaparecieron hasta el día de hoy”.


En el tema de salud, “contamos con un seguro universitario, pero en la realidad no funciona ni para los venezolanos”.


“Nos dio rabia, impotencia, porque no sabíamos qué haríamos en un país extraño en tales condiciones; reclamamos a la directora que por qué no nos informaron de todo esto antes de traernos con mentiras; pero ella nos preguntó que quién nos había hecho esas promesas”.


Pero el engaño funcionó igual con becarios de otros países. “Al hablar con los compañeros de diferentes procedencias, nos dimos cuenta de la mentira generalizada y lo peor es que todos somos de escasos recursos, pues se supone que el convenio del ALBA está destinado a familias de escasos recursos”.


Desde ese mes de marzo, la economía de Venezuela comenzó a caer, “con una inflación tremenda, el pan que costaba 4 o 5 bolívares subió a 8 y 10, así que el poco dinero con el que contábamos se fue terminando; hacíamos lo que se podía a fin de que los 600 bolívares nos alcanzaran para la comida, aprovechando el comedor en la universidad, aunque sólo cubre el almuerzo de lunes a viernes”.


Manuela recuerda que ella y sus compañeros de infortunio, que pensaban eran víctimas de una excepción, se animaron a buscar a Javier Sucojayo, de la Embajada de Bolivia en Venezuela. “Le dimos a conocer nuestra situación, pero descubrimos que la mayoría de los estudiantes estaba en las mismas y que incluso había quienes estaban en peores condiciones. Hicimos llegar carta y hablamos con el Embajador, quien se comprometió a buscar respuestas, pero nunca lo hizo”.


En vacaciones “nos hicimos enviar algo de dinero con compañeros que fueron a Bolivia, y así pasamos hasta fines de 2013”. Este 2014, sin embargo, “la situación es más difícil, pues la falta de alimentos, la tremenda inflación, hacen que los 600 bolívares no alcancen sino para hacer un modesto mercado”.


Otros becarios, “que recibían 1.000 bolívares (159 dólares americanos, más o menos) pues no tenían vivienda, están mucho peor. Ese monto es lo que cuesta el alquiler más modesto y ya se habla de subirlo”.


Protestas, castigo


Los becarios brasileños que estudiaban medicina, encabezados entonces por Jaquelin Texiera, protestaban hace dos años ya por este trato; “pero no se les dejó entrevistarse con el presidente Chávez”, como ellos querían. Los bolivianos “nos integramos a ese grupo y nos sumamos a la lucha, pues ha sido esta movida la que ha logrado que desde junio del año pasado se apruebe un presupuesto mayor para cubrir la alimentación y vivienda de todos los estudiantes internacionales, aunque no se cumple del todo”. Por ejemplo, “en noviembre y diciembre del año pasado nos entregaron alimentos para cada estudiante, aunque llegaron en mal estado y después se interrumpió la entrega hasta finales de marzo”.


Manuela dice que en enero se pidió que el dinero destinado a alimentos se entregue en efectivo o con tarjetas de alimentación, para aprovechar mejor esta ayuda”. Ocurre que la comida se les entrega de una sola vez: carne y verduras incluidos, los que se pudren antes de llegar a fin de mes. El frigobar que se comparte entre 10 o 12 personas no ayuda mucho.


“Todas las propuestas que hicimos llegar a la OCSEI (Oficina de Cooperación Social a Estudiantes Internacionales) del Ministerio de Educación fueron rechazadas porque ‘por política no se entrega dinero’ y otras excusas”. En abril les dieron una tarjeta de alimentación; “pero nos la quitaron en junio, luego de una protesta que protagonizamos”.


3.000 bolívares sólo en el papel


En junio del año pasado fue aprobado un presupuesto que debía regir hasta diciembre. El monto para cada estudiante se fijó en 3.000 bolívares. El parámetro fueron las necesidades de los estudiantes de medicina que recibían ese monto en una tarjeta de alimentación, en vista de que ellos no tienen una sede universitaria, sino que se encuentran en diferentes hospitales, y le es difícil tener un comedor o los víveres.


A estudiantes como Manuela se les explicó que se les daría menos dinero, “aunque la universidad maneja el presupuesto de 3.000 bolívares para comprar nuestros alimentos; nos traen la comida a veces cada 40 o 45 días y no lo que pedimos; no negamos que esta entrega nos ayuda mucho; pero no queremos que nos sigan utilizando”, pues a nombre de ellos se presupuesta los 3.000 y se gasta menos.


La protesta del 7 mayo reciente ha provocado que los estudiantes de medicina pierdan la tarjeta de alimentación y que reciban alimentos, como todos, “que no alcanzan ni para dos semanas: 2 pollos, 2 kilos de arroz, un litro de aceite, 2 bolsitas de lenteja, una bolsita de frejol negro, huevos, una bolsa de pasta (fideo), un kilo de azúcar, un kilo de sal, y tres o cuatro cosas más”. Manuela calcula que esa cantidad de comida, aun exagerando el precio, no llega a 2.000 bolívares, pero se justifican en los papeles por 3.000. Alguien está engañando “y no son los estudiantes”.


Cubrir todo el mes, desayuno, almuerzo, cena, exige que se recurra a los 1.000 bolívares que se entrega a cada estudiante para gastos como transporte, material de estudios y otros. “No alcanza, así que hace dos meses trabajo con una compañera de habitación los fines de semana, cuando se puede, disfrazándome de muñeco para animar fiestas de niños”.


Y ¿cuánto se necesita mínimamente para sobrevivir?


Un presupuesto realizado por los estudiantes internacionales, aunque en el mes de abril, hoy los precios han cambiado mucho, establecía algo más de 5.000 bolívares para vivir con lo básico un mes (el salario mínimo en el país es de algo más de 4.000 bolívares). Sin contar con el pago de vivienda, por supuesto.


¿Cómo se gastan los mil bolívares?


Pagar el plan del teléfono (35 bolívares)


Comprar verduras y carne (lo que nos traen no alcanza)


Pasajes para ir y volver de la universidad


Pasajes para cumplir con la comunidad donde estamos llevando adelante un proyecto (que también corre por nuestra cuenta, es una obligación)


Fotocopias, impresiones, material escolar, libros que no hay en internet


Productos de aseo personal y para lavar la ropa (detergente, jaboncillo y crema dental, desodorante y champú, si es que se encuentra).


Ni pensar en comprar ropa o zapatos. Un par de zapatos deportivos cuesta mínimamente 1.000 bolívares, un pantalón de 500 para arriba y una polera sencillita, 200 bolívares y más.


Manuela retoma lo dicho al principio: “Esta experiencia nos hace cada día más fuertes, pero no se trata sólo de comida o de dinero, sino de trato justo para nosotros, que se nos hable con la verdad o se nos de opciones para que sea más fácil cubrir nuestras necesidades, como por ejemplo abrir plazas especiales de trabajo para los estudiantes”.


Sobre sus sueños, la joven boliviana afirma no haberlos perdido, pues sabe que al despertar, “a veces nos damos golpes fuertes que nos hacen reaccionar y reflexionar sobre cómo debemos de seguir. Y yo voy a seguir”

Noticias de otros becarios
http://noticias.laprensa.com.ni/2014/05/17/nacionales/194719-becarios-nicas-en-venezuela-de-regreso-por-crisis